El Método Pereyra

El psicólogo Rubén Armando Pereyra podía considerarse un profesional exitoso. Su consultorio de Cañada de Gómez solía rebosar de pacientes que llegaban de lugares tan remotos como Arequito o Marcos Juárez. Su irreductible honestidad intelectual, o acaso la crisis de la madurez (superaba ya los cincuenta), produjeron en él la conclusión de que ninguna de las escuelas terapéuticas en que empeñosamente se había formado solucionaban de verdad las crisis de las personas que no encontraban un sentido a sus vidas. Había comenzado su formación en el freudismo ortodoxo como discípulo de un célebre profesor de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. Aunque le resultaba rentable, concluyó que a los pacientes ese tratamiento sólo les brindaba una explicación de sus males para permitirles atribuírselos a sus padres o abuelos. Seguían tristes y encima provocaban todo tipo de peleas familiares. Y nuestro terapeuta sentía...