El gaucho y la China
Soy (lo saben mis amigos) pretecnológico. No tengo la menor idea sobre qué hace extraordinarios a los automóviles que fabrica Elon Musk, el Leonardo da Vinci de ahora. En materia de autos, yo los cambio una vez que la vergüenza de mis familiares se vuelve intolerable. Por eso, debe pasar bastante más de una década para que yo me sorprenda con las innovaciones que trae esa industria. Recuerdo que una vez, allá por los años noventa, fui a comprar uno y le dije al vendedor “deme el más barato que tenga aire acondicionado y radio”. El hombre me contestó “señor, todos, incluso el que se va a comprar usted, tienen esas dos cosas y además reproductor de CD ”. Ahora tengo uno nuevísimo. Nada más que tres años tiene. Sigo sin creer que el limpiaparabrisas sea capaz de adivinar cuánta agua cae y regule solito la frecuencia con que se mueve. Cuando llueve me siento Steve Jobs probando el prototipo de un cacharro. De modo que la intersección entre la tecnología reciente y yo únicamente ocurre...