La honestidad por los huevos
Hace unos años, en un cumpleaños al que me habían invitado en Madrid un señor sostenía un discurso muy pintoresco. Parecía de los años setenta del siglo pasado, lo cual no tiene nada de malo si de veras pensaba así, pero el hombre carecía del atributo de la duda. Yo no lograba imaginarme qué motivación podría tener alguien que ya conoce todas las respuestas para levantarse cada día y encontrar alguna razón que le permitiera continuar viviendo. Para él todo capitalista era un saqueador. Un rico solamente podía haber llegado a esa condición luego de explotar a sus trabajadores y de engañar a sus clientes, jamás en algún caso por haber ideado un producto o servicio que el prójimo pensara que le haría menos miserable la vida y comenzara a consumirlo sin que nadie se lo impusiera (como el Whatsapp que él miraba de manera compulsiva, un servicio ofrecido por una empresa del chico M...