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Personas y bichos

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Cualquier ideología que dé importancia  a la sangre termina en derramamiento de sangre. Ayn Rand         Conozco personas muy preocupadas por descubrir el origen del prójimo. No pueden relacionarse con nadie sin antes llenar algunos casilleros que, en su particular opinión, les permitirían saber con quién están hablando. Necesitan conocer apellido, barrio de crianza, colegio. Son pocos datos, porque, como escribió Félix Luna, “la Argentina es un país sin aristocracia, basta trepar un poco el árbol genealógico para topar con el abuelo contrabandista o bolichero”. Conmigo se ilusionan preguntándome qué tengo que ver con cierto embajador. Se decepcionan cuando les digo que yo he decidido relacionarme solamente con gente elegida y que hago de cuenta que no tengo parientes, por las dudas.         Nadie puede prohibir los motivos de felicidad irracionales, sean estos el origen de los cromosomas, la forma de la nariz, la simpatía por algún...

Bienvenidos a Europa del sur, buon appetito et merci

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            Una de los sarcasmos de Borges fue afirmar que los únicos que podemos llamarnos europeos somos los latinoamericanos. Dijo eso porque, aclaró, en Europa las personas se consideran alemanas, francesas, italianas, y a veces ni siquiera eso, se presentan como bávaras, alsacianas, piamontesas o lo que sea. Nosotros, en cambio, hemos recibido, asimilado y unido todo eso en alegre ensalada. Aquí no sorprende en absoluto que alguien se llame “López Murphy” o “Fernández Capello” (ese es el apellido del cantante Vicentico).      Los “europeos de Europa”, se sabe, son bastante localistas. Cuando se trata de la comida, ni hablar. Un italiano, al considerar las diferencias entre la gastronomía de sus regiones, me dijo  la cucina italiana non esiste . Otro de Mantua que hablaba de la pasta afirmó “en el sur aceite de oliva, en el norte mantequilla, la crema… cosa de franceses”.      En Pamplona se me ocurrió preguntar e...

La semántica, en una oficina pública

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Concurrí a la ANSES de General Pacheco a pedir mi jubilación. Reproduzco el diálogo que tuve con una amabilísima y eficiente empleada que se identificó como “Mica”, - Listo. Ya está todo ingresado. - Muchas gracias, Mica. Todo OK. ¿No? - Sí, pipícucú. Ojalá todo el mundo tuviera las cosas tan prolijas como vos. Calculá que recién tipo en dos meses se te va a conceder la jubilación. - ¿Cómo dijiste? ¿”Conceder”? Esta relación entre un nuevo jubilado y la autoridad previsional empezó de manera desastrosa. Te pido por favor que no uses ese verbo. En todo caso decí “reconocer”. - ¡Ja, ja, me hacés reir, Marce!  - Pero yo no estaba jodiendo, Mica. Me está agarrando un pequeño temblor en el mentón. Escuchar eso me hace sentir mal. - Tranca, tipo quise decir tipo que vas a empezar a cobrar el beneficio … - Pará, pará, que me estoy sintiendo peor. En cualquier momento vas a tener que pedir una ambulancia, en esta oficina se va a armar flor de quilombo y mañana vos y yo vamos a sali...

Los literatos se entretenían así

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          Allá por 1942, el mundillo de los escritores argentinos daba importancia, acaso excesiva, a los premios literarios. Un grupo organizó una “cena de desagravio” a Borges, que había sido eliminado de la competencia por el Premio Nacional de Literatura. Faltaba mucho para que naciera la "tradición escandinava" de negarle el Nobel al argentino.          Podría maravillarnos que alguien supusiera que, si se juntaba a comer con la víctima de un agravio que le habían prodigado otros, ese mal desaparecería. Pero de eso se tratan los ritos, anidan en la idea de que una actividad simbólica hará que alguna fuerza superior modifique la realidad. Puede tratarse de la danza de la lluvia de los bosquimanos o de la ceremonia de cualquier liturgia.           Alejandro Vaccaro transcribe en En Borges, vida y literatura (Emecé, Buenos Aires, 2023) lo que leyó en la ocasión Eduardo González Lanuza:    ...

Lo que provoca tomar un libro

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Un amigo que me sabe admirador de Borges (admirador algo irracional, admito) me pregunta si determinado poema es del escritor. No entiendo bien por qué no se lo preguntó a la inteligencia artificial, que rara vez alucina frente a consultas tan elementales. Yo también se lo pregunto al robot, pero por mero gusto voy también al estante que me recuerda el tiempo en que para mí los libros eran de papel. Tomo las Obras Completas , el volumen verde de la legendaria edición de Emecé de mediados de los años setenta. Confirmo que el poema efectivamente está allí y respondo a mi amigo. Mientras devuelvo el libro a su lugar (en realidad, a “algún lugar”, porque eso que llamo “la biblioteca” carece de todo atisbo de orden) me asalta un pensamiento algo nostálgico. Recuerdo que lo compré cuando tendría dieciséis años. Lo asombroso es que no fue en El Ateneo , ni en Alberto Casares , ni siquiera en la librería Ross de Rosario. Lo encontré en el localcito que había puesto en mi pueblo natal la fami...

Hacer como los romanos

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Ha pasado un carretero/ que va cantando un cantar/ ¡Romero, para ir a Roma / lo que importa es caminar! / A Roma por todas partes, / por todas partes se va . Antonio Machado       T engo algunos amigos que son “romanistas”, gente estudiosa que encuentra en Roma el origen de muchas cosas, su sistema de normas en primer lugar. Es admirable que dos milenios después se mantengan íntegramente romanos muchísimos de nuestros principios y soluciones para "administrar la convivencia un poco mejor que con el garrote", que así defino al Derecho.          Aunque debemos a los romanos esas y otras maravillas (hay que sentarse un minuto sobre una grada de la Arena de Verona para darse cuenta de eso), también parecemos haber heredado de ellos algunos problemas a la hora de poner en funcionamiento las leyes. Había también en la Antigua Roma, al parecer, cierto  contraste entre la abundancia de normas y la debilidad de las instituciones. La realidad y la...

El gaucho y la China

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Soy (lo saben mis amigos) pretecnológico. No tengo la menor idea sobre qué hace extraordinarios a los automóviles que fabrica Elon Musk, el Leonardo da Vinci de ahora. En materia de autos, yo los cambio una vez que la vergüenza de mis familiares se vuelve intolerable. Por eso, debe pasar bastante más de una década para que yo me sorprenda con las innovaciones que trae esa industria.  Recuerdo que una vez, allá por los años noventa, fui a comprar uno y le dije al vendedor “deme el más barato que tenga aire acondicionado y radio”. El hombre me contestó “señor, todos, incluso el que se va a comprar usted, tienen esas dos cosas y además reproductor de CD ”. Ahora tengo uno nuevísimo. Nada más que tres años tiene. Sigo sin creer que el limpiaparabrisas sea capaz de adivinar cuánta agua cae y regule solito la frecuencia con que se mueve. Cuando llueve me siento Steve Jobs probando el prototipo de un cacharro. De modo que la intersección entre la tecnología reciente y yo únicamente ocurre...