Suministros
Diógenes se maravillaba al ver cuántas cosas había en el mercado que él no necesitaba. Yo era así, juro, pero me vi obligado a cambiar. Ahora soy consumista. Aunque mi consumismo es algo, digamos, selectivo y para nada voluntario. El estilo de vida saludable que estoy llevando (imposición debida a cierto contratiempo cerebrovascular, para nada al gusto de vivir de esta manera tan miserable) me exige una delicada planificación de la función de compras. Cualquier elemento que falte me hace pasar del pecado de pensamiento y palabra al de obra, y a atacar una alacena como hacía el Gordo Valor con los bancos, o hace cualquier político argentino con el dinero de los contribuyentes. De nada me ha servido escribir en la puerta de la heladera aquello que Dante había puesto en la puerta del peor destino de todos: lasciate ogni speranza voi ch’entrate . El Maligno siempre está al acecho para desafiarnos. A mí me viene ganando todos los desafíos por goleada desde que tengo memoria. Ayer por la noc...