Tangos o mangos, that's the question

Ayer tuvimos una experiencia bastante fuerte. Debimos volver a casa en un Uber desde el mismísimo Obelisco. Las circunstancias no podían ser más adversas: no sólo era viernes por la tarde, sino que ahí se había muerto un trabajador al caerse en un pozo mal tapado y los bomberos habían cortado casi todas las calles. No nos llamó la atención que el conductor fuera venezolano, algo frecuente aquí (al fin y al cabo, ha emigrado nada menos que la cuarta parte de la población de ese país). Pero sí la calidad de su vestimenta y la exquisitez de su vocabulario. Como cada vez que María José encuentra alguien que nació en el mismo país que ella le pregunta si le puede dar un abrazo y se pone a preguntarle por su familia, la conversación nos permitió saber que hacía seis años que el hombre estaba en la Argentina, adonde había emigrado cuando su mujer estaba embarazada del cuarto niño, al que conoció cuando te...