Ocho apellidos wichis

La comedia musical “El violinista sobre el tejado” recurre a la figura alegórica del título para indicar cómo las personas llevan consigo su cultura, sus tradiciones y, en definitiva, su identidad dondequiera que estén. La obra, basada sobre textos de Sholem Aleichem, cuenta las peripecias de Tevie, un judío que vive en Ucrania durante la época de los zares (gente esta, me refiero a los zares, que no gobernaba precisamente con un estilo muy hospitalario). La humanidad de la historia la hace, además de deliciosa, universal. Nuestra constitución no se ocupa de las tribulaciones culturales del entrañable Tevie, pero sí de las que sufren los pueblos que estaban antes de la llegada de los españoles (que llama “indígenas”, un desliz). Reconoce su preexistencia cultural y ciertos derechos, como la educación bilingüe. También dice que la ley penal es una sola en todo el país y que no hay fueros personales, lo que quiere decir que no se pueden crear tribunales según quién sea el acusad...