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Mostrando entradas de febrero, 2026

El irritable

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          Imagen creada por IA mediante  Grok.                   Un agorero, un tremendista de la zona de San Isidro me había dicho hace tiempo que los pólipos que había extraído del último tramo de mi sistema digestivo eran benignos, pero que se podían malignizar. Si con esa tontería creyó que me alarmaba se equivocó: cualquier dispositivo, cualquier persona, cualquier idea y cualquier relación amorosa pueden terminar siendo malignas. El de blanco agregó explicaciones que no comprendí y me dijo que debía someterme nuevamente al suplicio vejatorio de la videocolonoscopía (lo que él vendía) cuando pasaran tres años.                Pues todo llega.           Como siempre supuse que los médicos no tenían por qué ser más honestos que los abogados, sospeché de ese mercader de chaquetilla y cambié de proveedor de servicios de film...

Nos une la lengua

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Como sucede con toda herencia, la que nos ha legado la Madre Patria fomenta malentendidos entre herederos. Cuando yo iba a la escuela primaria había que hablar y escribir como indicara la viejísima edición del Diccionario de la Real Academia que había en la biblioteca. En las composiciones debíamos usar términos y verbos como indicara una oficina de Madrid. Ninguno de nosotros podía escribir “nene, hacé la tarea”. Debíamos poner “niño, haz la tarea”. Un tremendo esfuerzo editorial y docente que no parece haber llegado a buen puerto: más de medio siglo después no conozco a nadie que hable así en la Argentina.  Borges se burló de esos afanes en Las alarmas del doctor Américo Castro : “El doctor Castro nos imputa arcaísmos. Su método es curioso: descubre que las personas más cultas de San Mamed de Puga, en Orense, han olvidado tal o cual acepción de tal o cual palabra; inmediatamente resuelve que los argentinos deben olvidarla también”. Me parece llamativo que ese erudito se llamara,...

La higiene que falta

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Alguien que vive en los Estados Unidos me muestra la manera en que ese héroe, ese candidato a por lo menos una beatificación llamado Elon Musk (al que le debemos en buena medida que haya más libertad de expresión en las redes sociales) eliminó a una de las criaturas más desagradables que hay: los vendedores de autos. Parece que uno entra en el salón de ventas, se sube a un Tesla y comienza a dialogar con la pantalla que hay en el tablero del auto, de donde salen las respuestas de una manera no sé si más sincera, pero por lo menos más coherente que la que da un sujeto de carne y hueso. Con el atractivo adicional de que, en la oportunidad en que sagazmente detecta el robot una vez avanzada la conversación, uno puede llevarse el auto a su casa para probarlo y devolverlo al día siguiente. Por supuesto, al devolverlo el interesado casi siempre aparece con la chequera en la mano. Del mismo modo en que Uber borró saludablemente el suplicio del taxista porteño, ese que explicaba conspiracion...

Fundamentalismo itálico

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Massimo Bottura es un célebre chef italiano, dueño de Osteria Francescana , el restaurante de Módena que muchos consideran de los mejores del mundo. Escribió un libro muy lindo que se llama Nunca confíe en un chef italiano flaco . El título es una broma, porque Bottura es delgadísimo. Pero otros consejos sí serían bastante útiles cuando en Italia uno debe enfrentarse con un profesional de la gastronomía. El verbo (“enfrentarse”) no es exagerado, porque a veces los que viven de los clientes se baten con ellos en duelos conceptuales bastante pintorescos. Los siguientes episodios me sucedieron tal como los cuento. Los diálogos que reproduzco no contienen ninguna exageración literaria. Café caliente Amalfi, mesa al aire libre. Me pregunta María José: - ¿Por qué el café es tan rico acá? - Entre otras cosas, porque no lo queman. Lo toman en segundos, parados frente a la barra. Para el gusto nuestro está un poco frío. Ellos no entienden que en Starbucks (que no hay en Italia, salvo un sh...