Un vaso de agua no se le niega a nadie
Un señor se aloja durante una semana en un hotel de la región italiana de Trentino-Alto Adige bajo el régimen de “media pensión”. Al parecer, las bebidas están excluidas del precio del paquete. Ha de ser un buen hotel, porque paga por esa semanita la friolera de cinco mil setecientos euros. Va a comer y pide que le traigan una botella de agua del grifo. El camarero le indica que el hotel no ofrece eso, y que si quiere puede ordenar agua mineral. El cliente enarbola su derecho a tomar agua corriente. Como se ve que al hombre dispone de tiempo para el extraño (y caro) entretenimiento de lidiar durante años con abogados y jueces, el entuerto recorre todas las instancias tribunalicias y finaliza nada menos que en la Corte de Casación de Italia, que le da la razón al hotel. Los jueces afirman no haber encontrado en ninguna parte una obligación legal de los comerciantes de la restauración de apagar la sed de sus clientes con eso que los italianos llaman acqua del sindaco (agua del alcalde)....