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La rebelión de las cafeteras

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  La rebelión de (por) las cafeteras   Desgraciadamente, este fin de semana dejó de funcionar la cafetera de mi casa. El local de la cadena Frávega más cercano tiene una sola, impresentable. Para eso -pienso- hago el café con el filtro ese que parece una media de mujer . Su competidor Garbarino está cerrado por quiebra. Concurro entonces a uno que se llama Rodó. Yo quiero un artefacto que venga con el temporizador ese que permite que uno encuentre café recién hecho cuando se levanta. Esa es mi única pretensión; hasta ahí llegan mis aspiraciones en materia de robótica del hogar (ya he opinado en otro ensayo que ese invento, junto con la idea de agregar rueditas a las valijas, han sido los proveedores más eficientes de bienestar para la humanidad: en ningún otro caso, con la probable excepción del bidé, una invención tan simple puede proveer tanto bienestar). En suma, no quiero una cafetera conectada a Internet que mande los datos de mi presión arterial para que un médico actua...

Obligaciones de un aristócrata

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  En su biografía de Marcelo T. de Alvear, Félix Luna afirmó que “la Argentina no tiene una aristocracia, basta trepar un poco en el árbol genealógico para topar con el abuelo contrabandista o bolichero”. No sé si Luna creía que esos atributos eran buenos o malos. A mí me parecen una señal de que una sociedad ha tenido cierto éxito al organizarse de determinada manera. Sólo en un orden moldeado en valores medievales el nieto está condenado a repetir la vida del abuelo. Hijos de bolicheros han sido aquí presidentes. Creo que el padre del doctor Favaloro era carpintero. Una vez un abogado porteño muy distinguido (omito por imaginables las razones de su distinción) me dijo “la desgracia de este país, che, se produjo cuando las familias tradicionales dejaron de cumplir con su obligación de entregar un hijo a la Iglesia y otro a las fuerzas armadas. Mirá cómo se llaman hoy los militares, son los Galtieri, los Lambruschini…”. La manera en que el señor concentraba sus diatribas en l...

A vestirse, que hay que ir a votar

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  En los Estados Unidos gustan de convertir cada discusión en algo que entretenga a los nueve integrantes de la Corte Suprema y dé trabajo a los tantísimos abogados que tienen (que, como les pasa a los de acá, no encuentran demasiadas cosas útiles para hacer). Esa pasión por los litigios inspiró a Robert Fisher su divertido libro Legally correct fairy tales , que reescribe algunos clásicos cuentitos infantiles convirtiéndolos en pleitos. Por ejemplo, cuenta las alternativas del proceso El Roble vs. Geppetto , que enfrentó al padre biológico y al adoptivo por la custodia de un muñeco que terminó quebrado por los abogados y viviendo en un hospicio a la orden de un juez que jamás había visto. Por lo general, afortunadamente las nueve personas de Washington que se visten con togas negras siguen a rajatabla la utilísima Ley de Sánchez: “no te enganches”. Rara vez se ocupan durante cada año de más de cien casos de todos los que le acercan los abogados ociosos. Eso sí, cuando deciden ...

Ocho apellidos wichis

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  La comedia musical El violinista sobre el tejado  recurre a la figura alegórica del título para indicar cómo las personas llevan consigo su cultura, sus tradiciones y, en definitiva, su identidad dondequiera que estén. La obra, basada sobre textos de Sholem Aleichem, cuenta las peripecias de Tevie, un judío que vive en Ucrania durante la época de los zares (gente esta, me refiero a los zares, que no gobernaba precisamente con un estilo muy hospitalario). En la Provincia de Chaco han llevado bastante lejos ese respeto a las comunidades originarias (o “más viejas que la española”, porque no sé de ningún grupo que no haya aparecido en un lugar corriendo a palos a otro, con la probable excepción de los monopolistas Adán y Eva). Lo han extendido al modo de administrar justicia. Para eso dictaron una ley que establece que, cuando alguien que pertenezca a los pueblos qom, wichi o mocoví debe ser juzgado por un jurado popular, la mitad de éste se integrará con personas de la comun...

En la variedad está el gusto

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  Cortázar escribió un cuento al que puso el pintoresco título de Pequeña historia tendiente a ilustrar lo precario de la estabilidad dentro de la cual creemos existir, o sea que las leyes podrían ceder terreno a las excepciones, azares o improbabilidades, y ahí te quiero ver .  Don Julio imagina allí que luego de la muerte de los integrantes del directorio de un organismo internacional en un accidente aéreo (no de todos, porque uno, llamado Félix, pierde el vuelo), las delegaciones de todos los países se reúnen para elegir a los reemplazantes. Al cabo de las deliberaciones, resulta que todos los propuestos se llaman también Félix. A pesar de que cada uno es en su país la máxima autoridad en la materia, todos renuncian al día siguiente alegando motivos personales. En verdad lo hacen sencillamente porque les parece intolerable la idea de integrar un organismo en que todos se llamen Félix. El gobierno de Alberto Fernández es, todos los saben, comandado en la realidad por Crist...

Amor eterno (inmobiliario)

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  Me entero de casualidad (¿qué maldición hará que estas cosas terminen en mis manos?) de que en la sociedad norteamericana es habitual que existan las llamadas cartas de amor . ¿Qué las hay en todas partes? No, no me refiero a las cartas que dos personas enamoradas se mandan la una de la otra (eso no llamaría para nada la atención… o tal vez sí, en estos tiempos), sino unas que ocurren en el normalmente poco afectivo campo de las operaciones de compraventa inmobiliaria. Por love letters entienden allá a las comunicaciones que, al parecer, suelen enviarse a quien tiene en venta una casa, para explicarle con qué propósito uno se la compraría, para qué la quiere, con cuánto esmero se propone mantenerla y para informarle que no es un desapegado inversor que planea revolearla al mejor postor o alquilarla a un conjunto de músicos de heavy metal para que ensaye o a alguien que instalará allí una escuela de tiro al blanco con hachas o un banco de pruebas de explosivos. Veo en Amazon...

Les Luthiers lo habían advertido

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  Decir que la vida imita al arte es un lugar común. Para Woody Allen eso no es cierto: en realidad imita a la mala televisión. Cualquiera sea el caso, Les Luthiers alguna vez imaginaron a una banda de políticos corruptos que se proponía modificar el himno nacional para convertirlo en un mensaje proselitista. Tiempo después, el alcalde de Caracas propuso hacer lo mismo, para que el himno venezolano mencionara a Hugo Chávez. También, en el sketch “La vida es hermosa (disuacidio)" , los maestros del humor mostraron cómo funcionaba un estrafalario centro estatal de asistencia al suicida. Allí un burócrata atendía el llamado de alguien previsiblemente desesperado y, en lugar de contenerlo le hacía todo tipo de preguntas inútiles, entre otras si era la primera vez que se suicidaba. Los roles terminaban invirtiéndose: el que había llamado terminaba consolando al deprimido funcionario.  Al presentarlo, el recordado Marcos Mundstock explicaba que el suicidio no es delito, sobre todo...