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¿Habla usted docenteliche?

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  Si alguien conoce el secreto / supongo que me dirá por qué donde falta el pan / siempre sobran los decretos. (Alfredo Zitarrosa) ¿Por qué el señor de Toyota no logra fichar empleados que tengan el secundario y además entiendan un diario? Como no hay efecto sin causa, a lo mejor hay que mirar la resolución del Consejo Federal de Educación 397/2021 (sí, el organismo dictó casi cuatrocientas resoluciones en medio año, con los resultados que están a la vista). Esa gente resolvió algo que, parece, significa que pasarán de año los estudiantes que alcancen el 40% de los objetivos y que además con medir eso en agosto es suficiente. Digo “parece” porque es muy difícil entender la jerigonza en que intenta expresarse, un verdadero cocoliche docente (*) cuya oscuridad les costaría igualar hasta a los jueces, personas que escriben (me refiero a los jueces) con un diccionario de sinónimos a mano para encontrar siempre la palabra más oscura y que no se sepa qué resolvieron. Une palabras...

Whatsapp: manual de uso

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: E stimada persona/institución amiga Al responder este mensaje o continuar utilizando el servicio de Whatsapp (en adelante, “ el Servicio ”) respecto de Marcelo Gobbi (en adelante, “ el Tipo ”), usted (en adelante, “ Usted ”) estará aceptando que no tiene ningún derecho de ofensa, pataleo ni rectificación sobre el modo en que el Tipo ha decidido reorganizar su vida, reorganización que entre otras cosas alcanza al modo como usa el Servicio. El Tipo no tiene obligación de leer todos los mensajes que le llegan de Usted; como hace con todas las actividades de su vida (más ahora que ha cumplido los sesenta y le queda menos hilo en el carretel) elige lo que tiene ganas de mirar, cuando no se distrae y olvida hacerlo. El Tipo no puede ni quiere comentar todos los mensajes que le llegan, especialmente si nada le piden o le preguntan a él. El Tipo no anda todo el día con el teléfono en la mano, de modo que a Usted no le conviene pedirle nada urgente a través del Servicio como hacen sus hijos ...

El Método Pereyra

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               El psicólogo Rubén Armando Pereyra podía considerarse un profesional exitoso. Su consultorio de Cañada de Gómez solía rebosar de pacientes que llegaban de lugares tan remotos como Arequito o Marcos Juárez. Su irreductible honestidad intelectual, o acaso la crisis de la madurez (superaba ya los cincuenta), produjeron en él la conclusión de que ninguna de las escuelas terapéuticas en que  empeñosamente  se había formado solucionaban de verdad las crisis de las personas que no encontraban un sentido a sus vidas. Había comenzado su formación en el freudismo ortodoxo como discípulo de un célebre profesor de la Asociación Psicoanalítica de Buenos Aires. Aunque le resultaba rentable, concluyó que a los pacientes ese tratamiento sólo les brindaba una explicación de sus males para permitirles atribuírselos a sus padres o abuelos. Seguían tristes y encima provocaban todo tipo de peleas familiares. Y nuestro terapeuta sentía...

A day at the beach

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  (Thanks to the enormous Mariana Rimoldi-Sevellec for this translation!) I could no longer put up with what started as a kind suggestion from my family and ended up as merciless criticism of the way I am, as they listed out: that only a weirdo like me spends almost a month by the sea without once setting foot on the beach, that I can’t go back home without at least having dangled my feet in the warm waters of the State of Florida and, finally, walking on the sand barefoot and letting the tropical breezes ruffle my hair is good for who knows what kind of spiritual harmony and other esotericism of the sort. The members of my family have good intentions, but they are somewhat contradictory. On the one hand they insist that I should get a tan, on the other hand, they remind me a thousand times to smear myself with a sunscreen that is at least SPF 50, which, if I understood correctly, makes sure that your body feels like it hasn’t been exposed to the sun at all. Why do it, then? I...

Aceleradores

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  Ayer un amigo me envió un mensaje de audio a través de Whatsapp . Cuando lo escuché, su voz apareció más aguda y su discurso, pronunciado a toda velocidad, como en los avisos comerciales que reproducen condiciones de la oferta para cumplir con requisitos legales. No sabía yo cómo escucharlo de modo que se pareciera a la manera como él habla. Al rato me enteré de que Whatsapp había agregado la función de aceleración de la velocidad de las grabaciones, porque hay gente que se impacienta si tiene que escucharlas en su versión original. Me pareció interesante que una empresa deba hacer algo para que la gente continúe usando su servicio si los demás se empeñan en hablarle como hablan siempre (o para que tenga más tiempo para consumir publicidad u otros servicios que le brinda Facebook , que es la dueña de Whatsapp ). Es cierto que algunas personas abusan un poco del tiempo ajeno. Los profesionales se quejan porque hay personas que les hacen complejas consultas de veinte minutos d...

Día de playa

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  No pude resistir más lo que empezó como una amable sugerencia de mi familia y terminó como una despiadada crítica a mi forma de ser. Que solamente un sujeto extraño como yo pasa mucho tiempo al lado del mar sin pisar una sola vez la playa, que no es posible volver a casa sin haberse mojado por lo menos las asentaderas en las cálidas aguas de por acá, que andar descalzo y dejarse despeinar por las brisas tropicales hace bien para qué sé yo qué armonía espiritual y demás esoterismos por el estilo. Mis familiares tienen buena intención, pero son algo contradictorios, porque a la vez que insisten en que debo ponerme al sol me dicen una y mil veces que no olvide embadurnarme con un protector “factor cincuenta”, que si no entendí mal da como resultado que el organismo hace de cuenta que uno no ha estado bajo el sol. ¿Para qué hacerlo, entonces? Es como ir al cine y vendarse los ojos. Entonces manejé casi una hora para llegar a una playa bien elegida, con la esperanza de encontrar a...

Los abogados, gente de (muchas) letras

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  Julia Cameron escribió The artist’s way,  una especie de curso de autoayuda destinado a (¿será posible eso?) estimular la creatividad, que sigue siendo un éxito de ventas un cuarto de siglo después de su aparición. Opina que del mismo modo que los pichones de pintor a los que se ha reprimido su vocación suelen dedicarse a enseñar artes pláticas en las escuelas, los jóvenes escritores son empujados hacia la abogacía nada más que porque se trata de una profesión palabrera.  El resultado de semejante premio consuelo, me parece, es alguien que logra fracasar en los dos campos, como yo. Probablemente por eso, por el resentimiento de no haber podido ser artesanos que embellecieran el mundo con la palabra, es que los abogados se ensañan tanto con ella. No sólo no han embellecido el mundo. Se empeñan en afearlo.   Mole poblano “Apenas  había el  rubicundo Apolo  tendido por la faz de la ancha y espaciosa tierra las doradas hebras de sus hermosos cabe...