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Yo me bajo, ma non troppo

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          LA NACIÓN le hizo una entrevista a alguien que participó de una de las tantas iniciativas que se propusieron fundar una comunidad regida por valores distintos de los habituales. Allí se cuenta que un grupo de personas de Buenos Aires llegó en la década de los años setenta a un lugar inhóspito de San Juan. Se instaló en un sitio que le dio el gobierno de esa provincia, que pronto debió comenzar a ayudarlos con muchas otras cosas porque en esa tierra, que había sido expropiada a un opositor, ni siquiera había agua. El experimento finalizó cuando los militares tomaron el gobierno y corrieron a palos a esos pioneros por “subversivos” (esa gente, me refiero a los militares, nunca fue muy buena para entre las distintas categorías de seres humanos que no llevan uniforme).           Buscar una tierra prometida para vivir como a uno le venga en ganas es un argumento que se repite en la película de la humanidad. A veces, como ...

Superioridad asegurada

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            La visión del estado sobre la economía se puede resumir en lo siguiente: si se mueve regulalo, si se sigue moviendo ponele un impuesto, y si deja de moverse subsidialo. Ronald Reagan           En la Argentina, un artículo de la Constitución Nacional que se les escapó a los que en 1994 escribieron tantos esperpentos en Santa Fe obliga al Estado a garantizar a los consumidores los beneficios de la competencia contra toda distorsión de los mercados. Creo que es el número 42, o por ahí anda, pero de todos modos esa no es información que sirva para gran cosa. Resulta que teníamos una constitución liberal y nadie se había dado cuenta. Pero no es lo mismo libertad que libertinaje (yo prefiero toda la vida el libertinaje, pero eso va en gustos).           Es cierto que hay que competir, pero se impone algo de moderación en el éxito. La victoria produce arrogancia en unos y humillación en o...

Che, ocupate un poco más de tu vecino

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                    Mido un metro con noventa, llevo zapatos cuarenta y seis y padezco de crónico sobrepeso. Alguna que otra vez mi “índice de masa corporal”, (eso resulta de dividir el peso por la altura al cuadrado y parece que no debe ser superior a veinticinco, o a veintisiete si a uno le toca un médico más gauchito), fue de más de treinta, lo que me colocaba técnicamente no ya en el distrito del sobrepeso, sino en el de una peligrosa enfermedad llamada obesidad. Denominaciones aparte, nadie me ha contado lo mal que la paso en los negocios de ropa, a los que entro cuando necesito reemplazar algo porque tiene un agujero, no porque me guste lo que veo en exhibición.            Mi desdén por la estética personal no es una expresión de anticonsumismo neogandhiano, sino otra vesión de La zorra y las uvas : como me cuesta muchas amarguras conseguir ropa, y cuando la consigo nunca es la que me gu...

Trabajar con abogados: lo que hay que tener en cuenta

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          Si a usted le toca en suerte (por llamarlo de alguna manera) participar de algún grupo que esté integrado por abogados y deba hacer cualquier cosa, se trate de menesteres laborales, culturales, académicos, filantrópicos, de hacer funcionar la comisión directiva de un club o de organizar una milonga al aire libre, le convendrá tener en cuenta algunas características de estas criaturas tan especiales. Si las conoce más, ahorrará tiempo, disgustos y mejorará la calidad de su digestión.           Las notas que repaso también me describen a mí, por supuesto, pero algunos años de vida corporativa rodeado de ingenieros, gente razonable y muy entrenada en hacer más eficientes los procesos, es capaz de poner en alerta sobre sus propios problemas hasta a un abogado y estimularlo a organizar las defensas contra sí mismo (después de todo, también mi gordura es en buena medida genética, pero por lo menos intento darle batalla). ...

Peluqueros

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          Veo en el diario que un peluquero mató a otro en la calle Beruti.           Lo que voy a contar no incluye nada inventado ni exagerado.           Probablemente un profesor adjunto de Derecho Penal, Parte Especial, haya sido el peor docente que tuve en la facultad. Mis compañeros coinciden en la calificación. Por piedad lo llamaré “doctor X”.           El doctor X era defensor oficial ante los tribunales de Mercedes.           Tenía una obsesión con el delito de homicidio en estado de emoción violenta, del que habló exactamente durante todo el año y al que siempre calificaba como “un tópico [ sic ] apasionante del Derecho Penal”. En un manual horrible que había escrito con el titular de la cátedra ese capítulo comenzaba, precisamente, con la frase: “el homicidio en estado de emoción violenta constituye un tópico apasionante del D...

El nombre de la dama

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          Nunca he sido bueno a la hora de administrar los nombres de mujer. Debo de haber heredado esa dificultad de mi padre, que a una amiga nuestra que se llama Sabina toda la vida la llamó “Fátima”.           Una vez creí seguir las instrucciones de una notita que me había dejado mi asistente y devolví un llamado de Madrid. Pedí por “el señor Camilo Álvarez”. Del otro lado alguien me dijo “hola, Marcelo, te he llamado yo, es que mi nombre es Camino y soy mujer”. Con el asunto de las advocaciones de la Virgen, en España hay damas que se llaman Camino, Martirio o Puerto (bueno, acá tenemos a Rosario, o a Rocío, que también son sustantivos masculinos). Supongo que existirá una Nuestra Señora del Camino, acaso patrona de los peregrinos, de los viajantes de comercio o de los trabajadores de Austral Construcciones.           Una vez descubrí que mi cónyuge legalmente era un varón, a pesar de haber t...

¿Cómo dice?

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          No solemos valorar suficientemente el servicio que nos prestan las palabras. Bueno, sí lo hacen los que leen a Lacan, pero ese esfuerzo termina siendo en vano porque nadie hasta ahora ha logrado comprender a Lacan (que debe de haber escrito sus libros en broma, solamente para que muchas personas desperdicien sus vidas en el intento).           Por trillado que resulte citarlo, tenía razón el finado Orwell en que el idioma y las ideas se corrompen recíprocamente. Pero a veces las palabras también prestan servicios muy apreciables. Inspiran.           Veamos ejemplos de las dos situaciones.           El idioma argentino me parece lindísimo, no así nuestra pronunciación (me quedo con la belleza de la colombiana). Ha sido embellecido por la ensalada étnica que somos, que nos inspiró algunos despropósitos que terminaron siendo maravillas, como la “milanesa a la na...